mujer teletrabajando en periodo de confinamiento por el coronavirus

Teletrabajo en confinamiento

¿Cambiará el coronavirus nuestra forma de trabajar?

Nos hemos visto abocados a aplicar el teletrabajo por confinamiento forzoso, dada la situación de crisis sanitaria que estamos viviendo. Ello ha supuesto que, prácticamente, de la noche a la mañana, todas aquellas empresas cuya actividad lo permitiera, o ciertas posiciones dentro de empresas con actividad presencial obligatoria, tuvieran que implementar protocolos de actuación para paliar el coronavirus que contemplaran el teletrabajo de toda o parte de la plantilla.

En esta “carrera” nos hemos encontrado con distintas situaciones:

  • Empresas que ya tenían implementado el teletrabajo, total o parcial, desde hacía tiempo y que, por lo tanto, no han notado diferencia alguna.
  • Compañías que lo utilizaban esporádicamente para parte del personal y que, en previsión de lo que podía suceder, activaron previamente los protocolos y lo tenían todo listo para enviar a las plantillas a casa a teletrabajar cuando fuera necesario.
  • Empresas que, por el motivo que sea, el estado de alarma llegó antes de que pudieran estar totalmente listas para garantizar un teletrabajo óptimo, rápido y eficaz.

Digamos que las dos primeras tipologías de empresas han llevado “velocidad de crucero” sin más sobresaltos; pero las empresas a quienes toda esa situación, y su correspondiente premura, no las cogieron preparadas, lógicamente se han visto obligadas a dedicar un tiempo muy preciado, y de forma urgente, a adaptar sus infraestructuras para el teletrabajo.

calles sin gente por el confinamiento por coronavirus

¿Ha llegado el teletrabajo a las empresas para quedarse?

Esta es la pregunta que ahora mismo se hace todo el mundo. Desde luego, una cosa es indudable y es que esta situación imperativa ha puesto a prueba a todas las compañías para verificar que su actividad puede continuar sin problemas mediante el teletrabajo. Y de forma general el resultado es positivo; todas las empresas (haya costado más o menos implementarlo) que están teletrabajando total o parcialmente, continúan sus actividades con normalidad operativa.

Pero no podemos olvidar que nos encontramos en un teletrabajo forzoso por confinamiento, lo cual difiere bastante respecto de si fuera teletrabajo en circunstancias normales. ¿Por qué? Porque tenemos multitud de factores que se producen ahora mismo que afectan a la dedicación, motivación, concentración y productividad de las personas, que no tendríamos en una situación normal y eso se debe tener en cuenta.

También debemos tener en cuenta de que, en esta vida, no todo es blanco o negro. Ello significa que en un mundo donde a veces las empresas pierden buenos candidatos por no ser “full remote”, debemos aplicar la vacuna de la sensatez. Y la sensatez nos dice que ahora que ya la práctica totalidad de las empresas han puesto a prueba esta modalidad y hemos comprobado que funciona; por lo tanto, nos tocaría dar quizás un paso adelante en el sentido de poder tener el teletrabajo como una medida habilitada a disposición de personas y compañías para poder conciliar de una forma más óptima. En una sociedad como la nuestra donde el presencialismo todavía tenía un gran poder de absorción, debemos aprender a aplicar esa escala de grises donde, podamos teletrabajar, pero ello no conlleve desterrar la presencialidad en su totalidad.

trabajador saltando por conseguir teletrabajo

¿Cómo nos relacionaremos una vez pase el confinamiento por coronavirus?

Por último, hacer una previsión sobre cómo nos relacionaremos en el trabajo una vez finalice el confinamiento, es una apuesta complicada. Habrá compañías que prefieran dejar a sus empleados teletrabajando, aunque ya puedan acudir a los centros operacionales y oficinas, habrá compañías que replegarán filas y harán que vuelvan a las sedes pero con medidas de seguridad y habrá quienes apostarán por modalidades híbridas con días o semanas alternos entre el personal que pueda teletrabajar.

En cualquier caso, la prueba que hemos realizado y superado (con nuestros más y nuestros menos) debe ser una buena muestra de la capacidad de rápida adaptación que tenemos las personas y, por ende, las compañías. Y, además, se ha superado con nota. La cuestión ahora es aprovechar lo aprendido en este camino para implementar modelos más flexibles y que mejoren la conciliación, pero con el adecuado equilibrio persona- compañía que genere la confianza de adecuación de esa flexibilidad a las necesidades de cada momento.

Un camino que ya hemos empezado y que está en nuestras manos ver hacia dónde lo dirigimos.

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